Creamos espacios que buscan reconocer las herramientas que ya tenemos y de forma intuitiva, situarlas en una disponibilidad de ampliar, escuchar y profundizar.
Frente a un mundo que nos invita cada vez más al sedentarismo y la saturación emocional, proponemos la pausa y el intento como herramientas esenciales de conversación con el cuerpo, dándole permiso para hablar, jugar y divertirse. La dinámica de este espacio se basa en aceptar la imperfección de la acción. Trabajamos desde la atención, invitamos a mirar el mundo al revés y así cultivar la curiosidad y el asombro como información para la experiencia individual que genera la incertidumbre.
Somos un universo que decide devolverse para así descubrir una relación más natural y eficiente con el cuerpo.
La mente es un elemento extraordinario. Es un lugar de infinitas posibilidades: expansiva, virtuosa. Pero también caótica, desorganizada y con poca responsabilidad de entrega. En ella se cultiva la individualidad, se gestan los principios que moldean nuestro arquetipo. La mente crea visión, pero pocas veces sabe cómo entregarla.
El cuerpo, en cambio, trabaja por necesidad y consecuencia. Se mueve de una cosa a otra con lentitud, con pausa, permitiéndose procesos espaciados, orgánicos y verdaderos. Es el que percibe la conexión, el que siente el tacto. Es sabio, ancestral, instintivo. Como seres humanos, nuestra parte almática nos vuelve seres conceptuales, buscadores de sentido. El cuerpo, por otro lado, nos recuerda que también somos animales: salvajes, sensibles, poderosos. Es en el cuerpo donde habita la fuerza del colectivo, la disposición al otro, la capacidad de trabajar en equipo. El cuerpo es engranaje, raíz, canal. Es filtro de ideas y líder del presente.
Cada clase funciona por método de laboratorio, es un lugar para probar, equivocarse, observar y entender cómo se mueve cada cuerpo, mi cuerpo y el de los demás en conexión conmigo.
Este espacio reúne herramientas que he desarrollado como bailarina, integrando técnica y exploración para que cada persona encuentre sus propias maneras de construir su movimiento y aborarlo con mayor confianza.
La interpretación es individual, y toda justificación tiene lugar. Cada quien se mueve desde donde está, y eso es suficiente.
Este espacio es para todas las personas. A medida del proceso, vamos limpiando el canal corporal: desbloqueando tensiones, suavizando capas, despertando memorias y, sobre todo, soltando la expectativa.
Nos damos la oportunidad de confrontar lo que duele, lo que está limitado en rango, de sentirnos débiles o incapaces, pero de una forma amorosa y armónica. La confusión, la autoexigencia encuentra lugar, la mente se vuelve aliada del dolor y el cuerpo comienza a tener vía.
El cuerpo es el espacio que necesitamos escuchar y así permitirnos ser atravesados por su maestria innata.